Hace años que Google dejó de ser
sólo un buscador. Comenzó siendo la puerta de entrada a la web, el famoso “Gatekeeper”
que definía lo existente de lo no existente. Lo que aparecía en ese top 10 de
resultados existía y lo que no, entraba en una nebulosa del más allá de esa
primera puerta.
Hoy Google es una de las
compañías de más valuación en la bolsa a escala global. Tiene una de las marcas
más valoradas y es claramente una compañía que innova continuamente. En muchas
cosas les ha ido muy mal, por ejemplo en su incursión en las redes sociales:
Orkut, Google+. En otras ha crecido mediante adquisiciones exitosas, como con
YouTube, que desde hace años es la plataforma de videos más grande del planeta
y, en paralelo, el archivo histórico audiovisual de mayor volumen y
crecimiento. Y en muchas le ha ido muy bien. El crecimiento de su negocio ha
sido fenomenal, apalancado en la administración exitosa de los datos que
recopila.
Google vive de la publicidad, de
ese manejo de datos antes mencionado, de la comercialización de ellos y de la
comprensión del big data. La gratuidad de todos sus excelentes productos
implica la aceptación de regalar esos datos para su análisis.
Vamos a definir a un posible heavy
user, que utiliza Gmail, que realiza unas 50 búsquedas por día, que mira 5
videos en YouTube, que guarda sus archivos en Drive, que mantiene sus calls vía
HangOuts, que publica un posteo en Blogspot por semana, que lee analytics por
jornada, que usa el servicio de Waze para manejar desde y hacia su casa, que
tiene el backup de las fotos que toma con su celular en la plataforma de
Googlephotos, que planifica sus viajes a través de Google Trips.
Suponiendo que ese heavy user acepta
compartir todo lo que utiliza, Google puede saber dónde estuvo, con quién, qué les
gustó, a qué le tomó fotos, sus horarios de navegación, de movimiento, qué miró,
qué buscó, qué compró, qué leyó, qué compartió, qué camino siguió, a qué
velocidad maneja, conoce sus ritmos de vida, con quién se comunicó, qué dijo,
entre otras tantas cosas. Es probable que sepa más de ese o esa heavy user que
él o ella mismo.
¿Esto está mal? Para nada. Ha simplificado
la vida y lo seguirá haciendo. Ha puesto al alcance la mejor tecnología. Ha aumentado
el acceso para cualquiera, sin distinguir entre clases sociales. Todo esto está
al alcance de la mano.
Hay que ser conscientes de ello y
obrar en consecuencia.
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